Cómo lograr que tu hijo deje el teléfono inteligente
Published On 17/07/2014 » By @elmejorbonche »

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¿Alguna vez has sentido que estás perdiendo la batalla del teléfono móvil con tu adolescente? A mí también me ha pasado. Pero estoy a punto de compartir una jugada genial contigo que te ayudará a ganar la batalla.

La primera vez que les dimos teléfonos móviles a nuestras hijas (entonces de 13 y 15 años) para “emergencias”, les hicimos firmar un contrato, supervisamos cada mensaje de texto y limitamos dónde y cuándo podían utilizar sus teléfonos. En menos de un año, perdimos el control de la situación.

Para empezar, está la actividad de búsqueda, las historias de Snapchat, los Vines, las publicaciones en Instagram, los mensajes en Facebook, las preguntas en Ask.fm y los comentarios en Twitter. Existe la impresionante realidad que el adolescente promedio envía entre 50 y 100 mensajes de texto al día (algunos hasta 300) y el 70% de ellos admite que oculta su comportamiento en línea de los padres.

Agrégale a esto que el 84% de los adolescentes duermen con, al lado o encima de sus teléfonos móviles, según un estudio de internet del Centro de Investigaciones Pew, y entramos en el reino de las preocupaciones de salud. Podríamos no ser capaces de observar cada movimiento de nuestros hijos, pero hay algo que sí podemos hacer. Y aquí viene la jugada genial:

Recientemente adoptamos una regla de “entregar el teléfono a la hora de acostarse” en nuestra casa, una idea que robé de un experto en crianza. Es simple y debes intentarlo. A la hora de acostarse, cuando arropas a tus hijos en la cama, ellos deben entregarte su teléfono para que lo cargues.

¿Por qué? Resulta que es una idea terrible dejar que tus hijos duerman con sus teléfonos móviles. Les quita horas de sueño, los hace sentir obligados a estar disponibles para sus amigos a toda hora durante la noche y les impide crear fronteras saludables con la tecnología.

La investigación es indiscutible respecto a que los adolescentes necesitan “la misma cantidad de sueño o más” que cuando eran niños (es decir, entre 9 y 10 horas de sueño) y solo para el 20% es así, ¡gracias a que duermen con sus celulares!

Cuando no duermen, les va mal en la escuela, se sienten hambrientos, les aparece acné, son más susceptibles a la gripe y son demasiado emotivos.

Aunque la mayoría de jóvenes ponen su teléfono en vibrador durante la noche, cada vibración y cada mensaje que reciben interrumpe su sueño. Los investigadores del sueño dicen que la luz azul de la pantalla que muestra la hora en un teléfono inteligente activa los receptores del cerebro que están diseñados para mantenernos despiertos.

Antes de implementar la regla de “entregar el teléfono a la hora de acostarse”, a menudo encontraba a nuestra hija de 13 años dormida en su cama, mientras la música seguía sonando estridente en sus audífonos. A nuestra hija de 15 años todavía le faltaban varias horas de tarea, así que le daba el beso de las buenas noches y le recordaba que pusiera la alarma en su celular para las 6 a.m. del día siguiente.

Ahora, nuestra hija de 13 años “entrega” su teléfono a las 9 p.m., cuando se va a la cama. Nuestra hija de 15 años lo “entrega” a las 10 p.m. Apagamos los teléfonos y los conectamos a la corriente, donde se cargan toda la noche en el piso de nuestra habitación.

Al quitarles el teléfono, también los estarás rescatando de la necesidad de estar “disponibles” para sus amigos.

El Dr. Orfeu Buxton, un neurocientífico y profesor adjunto en la división de medicina del sueño en la Facultad de Medicina de Harvard, ha encontrado que el 10% o el 15% “de los adolescentes en la escuela secundaria son personas que padecen de insomnio y no solo duermen con sus teléfonos, sino sienten que tienen que estar siempre pendientes, en caso un amigo esté en necesidad”.

Una chica de secundaria lo explicó en el estudio Pew de esta manera: “Nuestros amigos constantemente envían mensajes de texto, me despiertan a media noche y tengo que levantarme y hablarles o piensan que estoy enojada con ellos o algo así”.

Te criticarán, pero puedes manejarlo. No saldrá nada bueno de un adolescente, solo en su habitación, tarde en la noche con un celular.

“Pero lo uso como despertador”.

“Yo te despertaré”.

“Mis amigos podrían necesitarme”.

“Di que es mi culpa. Si es una emergencia, pueden llamar a la casa y yo te despertaré”.

Ya tenemos más o menos tres meses de implementar la regla de “entregar el teléfono a la hora de acostarse” en nuestra casa, y la diferencia es increíble. Los ñus salvajes faltos de sueño que solían llegar a la cocina (con el teléfono en la mano) han sido sustituidos por adolescentes medio despiertas que a veces hasta nos hablan. Les damos sus teléfonos después del desayuno cuando las mochilas están listas.

Hace unas semanas, cuando llevaba a mi hija a la casa de una amiga, donde se iba a quedar a dormir, me entregó su teléfono. “Supongo que te lo tengo que entregar ahora, porque no estarás ahí para darme las buenas noches. Te llamaré del teléfono de Ellie si te necesito”.

Por un breve momento, sentí tener nuevamente el control de esto de la crianza de los hijos.

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