Vapear puede alterar las células pulmonares casi como el tabaco
Published On 10/04/2014 » By @elmejorbonche »

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Se trata de uno de los primeros estudios realizados sobre el efecto en la salud humana de los cigarrillos electrónicos. Y no trae buenas noticias. Investigadores han demostrado que células pulmonares humanas expuestas al vapor de los cigarrillos electrónicos pueden sufrir alteraciones genéticas similares a las que produce el tabaco y que, en este último caso, aumentan el riesgo de sufrir cáncer de pulmón.

Investigadores de la Universidad de Boston, en Massachusetts (EE.UU.) expusieron células bronquiales al vapor de los cigarrillos electrónicos y compararon lo que ocurría con células expuestas al humo del tabaco. Las primeras sufrieron alteraciones genéticas muy similares a las conocidas en las expuestas al tabaco. Lo que aún no está claro es si esas alteraciones pueden causar un mayor riesgo de cáncer, como sí ocurre en el caso del tabaco. “Los cigarrillos electrónicos pueden ser más seguros que el tabaco, pero nuestros estudios preliminares demuestran que no son benignos“, asegura a Nature Avrum Spira, uno de los investigadores del estudio.

Estas conclusiones llegan solo semanas después de conocerse otro estudio que demuestra una correlación entre el uso de cigarrillos electrónicos por adolescentes y su posterior salto a fumar tabaco. Es decir, en contra de lo que se suele creer, vapear no solo no te aparta de dejar de fumar, sino que puede servir de puente para fumar tabaco, al menos entre los adolescentes.

Por supuesto, también hay algunos estudios que muestran que los cigarrillos electrónicos son una forma efectiva para dejar de fumar, aunque hay mucha controversia al respecto. Sobre todo porque no está del todo claro (ni regulado) cuáles son los componentes de los líquidos que se inhalan, ni su efecto en la salud a largo plazo.

La Organización Mundial de la Salud se pronunció el año pasado: aconsejamos encarecidamente a los consumidores no utilizar los cigarrillos electrónicos“. El motivo: su efectividad, seguridad y calidad aún no están probadas ni reguladas por ningún organismo nacional. Hasta que eso ocurra, avisa la OMS, lo mejor es no utilizarlos.

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